Después de un fin de semana de excesos, tengo que decir que hoy he sido buena. Creo que me he portado bastante bien.
El único pecado ha sido comerme un pastelillo de crema que, increíblmemente, me ha traido mi hermano. Nunca, repito NUNCA, me trae nada. De hecho no trae nada comestible a casa, ni siquiera para él, soy yo quien siempre tiene que hacer la compra. Asi que he sido incapaz de renunciar al "regalo", sólo por lo que tiene de extraordinario semejante detalle.
Mañana volverá a ser otro día lleno de tentaciones comestibles por doquier, pero intentaré resistirme a todas.
Me lo he propuesto millones de veces, y desde luego, precisamente por eso, no estoy nada segura de conseguirlo ahora. De hecho, ya no me marco metas concretas, aunque cualquier psicólogo me diría que eso es precisamente lo que me motivaría.
No, he decidido que lo que tiene que motivarme es el reto de hacer las cosas bien cada día, y que si sigo así, los resultados se verán por sí solos.
Tengo que meterme de una vez por todas en la cabeza, que los milagros no existen, y que las cosas suceden sólo si ha habido antes una buena cantidad de esfuerzo y trabajo.
Bien, ya estoy de vuelta.
Acabo de colocar en el frigorífico todo lo que he comprado para el suculento atracón que pienso pegarme esta noche.
Para empezar, ya he estado picoteando unos aperitivos a base de salmón aumado y queso para untar (deliciosos). En el congelador he metido una botella de lambrusco rosado para que se enfríe pronto.
Bebida glamurosa, que acompañará a unas nada glamurosas pero riquísimas salchichas caseras de pollo y pavo (lo único más o menos sano del menú), que serán seguidas por tatachán!!!....síiiiii mi ansiada tarta. De trufa y nata para más datos.
Como mujer previsora que soy y sabiendo de antemano lo culpable que me sentiré mañana, también he comprado algunas cosas para compensar la cenita de hoy.
Por una parte cositas para hacer una ensalada, piña (que dicen que depura el organismo), y unos yogures de esos que antes se llamaban Bio, y que según el Coronado "te renuevan por dentro y por fuera" (eso espero, y que de paso laven mi mala conciencia).
Al ataque!!!
Llevo toda la tarde con una sola idea obsesiva en mi cabeza: ir a un supermercado o una pastelería y comprar una tarta. Una tarta de nata, chocolate o yema, para mí sola.
Y eso mientras en botón de mi pantalón no para de saltar por la presión de mi abultado vientre.
Mido 1,65 y peso 100 kg.
La espalda y las piernas me duelen con cierta frecuencia, y soy consciente de que el sobrepeso tienen mucho que ver.
Millones de veces me he propuesto seguir una dieta, millones de veces me ha fallado la fuerza de voluntad y he fracasado.
Si el tabaco no matase, creo que trataría de matar la ansiedad y el aburrimiento fumando, en vez de comiendo. Sin embargo, como no es así, como toda clase de guarrerías cada vez que estoy nerviosa, triste o me siento sola, provocando a mi cuerpo los mismos efectos perniciosos que si me fumase un paquete diario. Tal vez, los efectos no sean exactamente los mismos, pero al final, el resultado es dañar mi organismo.
No dejo de pensar en la maldita tarta. En el sabor azucarado en mi boca, en el bizcocho suave y esponjoso partiéndose bajo la cucharilla.
Supongo que debería hacer algo para distraerme y no caer así en la tentación. Veamos....¿ir de compras? No, mejor que no...volvería con tal depresión que me comería no una, sino dos tartas, y de una sentada.
Me deprime ver tanta ropa bonita que no puedo ponerme.
De todos modos, el subidón anímico por comprar algo es efímero. Para ser exactos, igual de efímero que zamparse un pastel: la subida de azúcar en sangre no es eterna.
Sé que luego, voy a lamentarlo....pero voy a darme una ducha, y voy a por mi tarta.
¿Qué persona normal se echa unas siestas que duran desde las cuatro de la tarde hasta casi las nueve de la noche?
Yo no conozco a nadie que lo haga, a excepción de mi persona.
Tal vez pensarán....¡qué placer!...pues no...los remordimientos al despertar y comprobar que fuera ya no luce el Lorenzo no son nada agradables.
Si la siesta ha sido además, precedida por la ingesta de una pizza (entera) , para qué contar la pesadez de estómago y la mala conciencia.
Ya saben ustedes qué es lo que he almorzado (y en qué cantidad) y qué es lo que he hecho toda la tarde.
Para qué dar explicaciones sobre la apertura de este blog, mejor ir directamente al grano.
Me considero un continente inexplorado en gran parte. Que los demás me conozcan más o menos me preocupa, sin embargo, que yo misma no me conozca lo suficiente, realmente me obsesiona.
Me encantaría estar forrada y poder acudir todas las semanas a un psicoanalista que me ayudase en esta particular tarea de autoconocimiento. O tal vez, poder viajar constantemente, aprendiendo de los otros y aprendiendo sobre mi.
En fin, que en vista de mi situación, lo único que puedo hacer, es escarbar un poco y tratar de aclarar las cosas de esta forma: escribiendo.